Alcohol, principal animador de nuestra fiesta

alcoholLa Navidad es uno de los momentos del año en que, casi sin quererlo, el alcohol se hace presente en la calle, en nuestros paquetes o cestas de regalo, en las compras, en nuestras listas del súper, en los escaparates, en los anuncios en los medios de comunicación o en los grandes carteles publicitarios. Es el momento en que social y familiarmente dejamos que puedan tomarse copitas de licores por todos los de la casa, y hasta los niños lo prueban (bien porque lo piden ellos, o porque hacen lo que ven  como normal y natural: hoy se puede beber, porque es nuestra fiesta, nuestra costumbre, nuestra celebración, y no hay celebración sin un brindis para que los deseos se animen a realizarse; eso es, que hay que animarse, y una copita lo arregla fácilmente…).

O es sencillo creérselo o es que lo estimamos de este modo. Pero conviene recordarlo para tenerlo grabado en la mente de todos: el alcohol es la principal droga presente en nuestro entorno. Por todo el daño que produce en el organismo, sí, pero también por ser la que más muertes provoca “con un carácter patológico para las personas y para las familias”, en afirmación rotunda de Carlos Robles, doctor en psicología, quien nos previene que la inclinación de los jóvenes al alcohol se produce por su carácter, personalidad, ámbito familiar y social; o sea, por casi todo cuanto nos rodea y suele ser nuestro entorno.

El consumo de los adolescentes es sin duda lo que más preocupa a nuestra sociedad a tenor de lo cada vez más pronto (¿13,5 años de media?) en que se inician los chavales y los lugares donde lo hacen. En esto hay que tener en cuenta que, según el profesional citado, en la etiología del alcoholismo interviene una gran diversidad de factores distintos, unos propios del individuo y otros ambientales; factores como la personalidad, grado de maduración, ambiente familiar, liderazgo en el grupo a nivel escolar, influyen decisivamente en el desarrollo de esta adicción al alcohol.

El mundo juvenil es el que parece demostrar despreocupación (esa felicidad ingenua), pero muchos docentes y padres ven en ello una máscara para tapar las inseguridades, obsesiones y rarezas que son como caparazones donde ocultar dudas y sensaciones de inferioridad. Se forma ahí una tensión no regulada que pide a gritos desahogos y respiros. También asfixian las sensaciones de aceptación o rechazo, pues las redes sociales, o cosas semejantes, presionan sin piedad, así que el alcohol facilita un tiempo extra para poder ver las cosas desde una perspectiva diferente. En el aspecto cándido el alcohol facilita la risa fácil y los desahogos.

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