Guerra y paz

paz_mundial2Al llegar un nuevo año, y porque el uno de enero ha sido considerado Día Mundial de la Paz desde 1967 (ya se cumplen 51 años entrando en 2018), se nos recuerda que hay que pensar en esa palabra luminosa que es una aspiración para muchísimas personas que están como fuera del orden social establecido. La consideración tiene sus rasgos religiosos y forma parte del tiempo de Navidad, ya que en el mensaje que los ángeles proclamaron a los pastores la Nochebuena, se proclamaba precisamente eso: “Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad” (Lc 2, 14). Paz a todas las personas y a todas las naciones de la tierra, paz a los migrantes (más de 250 millones, de ellos 22 millones y medio son refugiados), paz a las mujeres y a los hombres, a los ancianos, a los niños, a los jóvenes que van buscando un sitio del amplio mundo para poder vivir, a través de caminos sin fin, de amenazas y peligros, de muros y alambradas, de seres indiferentes a su suerte; paz, especialmente, a los que están en guerra a causa de diferencias de criterio, fanatismos y odios desatados sumamente crueles que luchan hasta la muerte, hasta la desaparición del enemigo, sus posesiones y su historia.

Hemos leído recientemente un cuentecito de 1886 escrito por León Tolstoi, titulado “¿Cuánta tierra necesita un hombre?”, título que ya nos da a entender que va de ambiciones y de posesiones con una forma magnífica de relatar hechos y conversaciones que nadie puede calificar de vulgares, aún siéndolos. Detrás de esos escritos está la personalidad y la humanidad del escritor considerado como el más grande de la literatura rusa, que trata a sus personajes con exquisitez, como ya vimos en su día en la película “Guerra y paz”, en donde por la cualidad de sus interpretaciones, aún se conoce a sus protagonistas. El relato es considerado como obra cumbre de la literatura mundial. Se llamó “La guerra y la paz”, con un sentido de totalidad para cada palabra, pero se prefirió la pluralidad de significados anulando los artículos determinados. Porque también existe “paz en la guerra” como “guerra en la paz”. Son términos contrarios pero permiten la convivencia de sus  sentimientos. No hay más que mirar a nuestro alrededor, aunque es mejor mirar a nuestro interior. Ahí sí que se ve que se trata de una guerra de paz, que en nada coincide con los afanes bélicos humanos. Varios premios Nobel de la Paz se han expresado así:”La paz no es solamente la ausencia de la guerra; mientras haya pobreza, racismo, discriminación y exclusión difícilmente podremos alcanzar un mundo de paz”.

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