Una despensa bien administrada

alimentosDicen los organismos internacionales que en este mundo de las supervivencias y los abusos que de antaño nos vienen, se desperdician cada año un tercio de los alimentos que se producen. ¿Qué es eso de tirar lo básico para la subsistencia? ¿En verdad alguien puede andar tan sumamente sobrado? Es cierto que en determinadas conciencias existe el derroche como forma sobreabundante de vida y de equiparación social.

Pero eso pasa porque no se cae en la cuenta que lo sobrante puede reciclarse o puede coger el rumbo de un mercado diferente (el mercado de la necesidad), un mercado que no contemple a los alimentos como simple mercancía –que lo es, y eso no será fácil cambiarlo- que se compra y se vende según las leyes del intercambio que hablan de abundancia (bajada de precios) o escasez (aumento). Además, compramos con profusión y con sentido de previsión, porque disponemos de una despensa (lugar, estancia, mueble, cajón o bolsa arrinconada donde poner cosas para el preventivo “por si acaso”). Y el que no tiene nada de eso se ve precisado a echar mano de otros cuando no tiene tiempo o dinero para más. Pero si, como dice Manos Unidas, el mundo no necesita más comida, es porque está urgido a saber administrarla cuando aún hay personas que no se lo plantean éticamente y no se miran la conciencia.

Es una crueldad, iniciada por la ferocidad y acabando en inhumanidad que sean las frías cifras las que tengan que sacarnos los colores a las personas, tan sensibles y tan sabedoras de lo que es tener hambre que es un modo de hablar impropio de estos tiempos en los que todo se  administra bien y existen dietas para comer menos (a excepción de cubrir caprichos, incluidos los prohibidos, para saciar lo que no se sacia nunca). Esto es lo que pasa un día sí y otro también. Pero qué poco tiene que ver esto con pasar hambre, con no tener qué echarse al cuerpo, lleno de ruidos como si fueran los gritos y silbidos de una manifestación. Dicen que hay actualmente en el mundo entero  unos 800 millones de personas que pasan hambre. Como mínimo, por decir algo, nos parece una cantidad intolerable tras la que se esconde necesariamente la injusticia, la insolidaridad y una indiferencia impropia del ser humano, que juega con estos bienes preciosos y precisos para hacer guerra, incitar al desprecio que luego propiciará odio y la ira con la que toda la humanidad se hace violencia a sí misma. Falta conciencia de que administrar lo que es de primera necesidad es un compromiso de toda la sociedad.

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